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La prueba de que el cholismo solo vale para el fútbol

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Si alguna vez has sentido miedo a perder tu trabajo, o a no encontrar uno, tienes que leer esto

Ignacio Pato

14 Diciembre 2017 16:44

"Cada vez que empieza un partido, tengo miedo. El mismo que cuando jugaba. Tengo miedo, el miedo te hace ser mejor. El miedo te hace rebelarte, te hace estar en alerta. Estar tranquilo es tóxico. Creerte el mejor es tóxico".

Es un fragmento de una de las respuestas que ha dado Diego Simeone a una entrevista que L'Équipe publica este sábado y de la que conocemos un extracto.

¿Cholismo aplicable a la vida cotidiana?

No corramos tanto. La respuesta del propio Cholo sigue así: "El fútbol cambia mucho. El mejor estado mental de un jugador es cuando tiene miedo, eso le obliga a estar a su mejor nivel".

No corramos tanto a hacer de unos principios quizá validos para jugar a un deporte de élite a un mantra trasladable a cada minuto de la existencia de todo bicho viviente.

A veces, a la expresión tener miedo le falta algo. Puede ser un miedo no a perder sino a dejar de ganar. A un broker de Wall Street le puede quitar el sueño una huelga en una empresa alemana. A Amancio Ortega le puede dar un quebradero de cabeza legal -es mucho papeleo luego- el derrumbe de una de sus fábricas en Bangladés.

Puede ser también un miedo a perder privilegios. Puedes mover o cerrar tu SICAV por miedo a que te pille Hacienda. Puedes inventarte palabras como feminazi porque te da ansiedad la idea de afrontar una vida en igualdad de oportunidades con el otro 50% de la población. Puede que tengas lo que sarcásticamente Public Enemy llamaron Miedo a un planeta negro. O sudaca. O moro. O gitano.

Pero no, el miedo no es un combustible guay. El miedo, normalmente, paraliza. Y no hablo de tomar una decisión sobre una inversión. El miedo que tenemos la mayoría.

El miedo a perder un trabajo por razones ajenas a nuestro rendimiento.

El miedo a no encontrarlo.

El miedo a un whatsapp de tu casero cuando vence el contrato de tu alquiler.

El miedo a una carta del banco. A la factura de la luz.

El miedo a unas pruebas médicas. El miedo a tener que ser cuidado. El miedo a no saber cuidar.

El miedo a perder. Realmente. Y no precisamente un partido.

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